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Esta ermita está dedicada al patrón del pueblo, el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, y se sitúa en la plaza de la localidad, justo enfrente de la iglesia de San Vicente Mártir. En su interior hay un elaborado retablo con numerosas imágenes que custodian al Cristo, como son Santa Crispina, El Nazareno y una imagen de Cristo Resucitado. El retablo ha sido restaurado recientemente, estando ahora cubierto por pan de oro.

Es un edificio barroco de pequeñas dimensiones y armónicas proporciones, que desarrolla planta de cruz griega. La fábrica exterior es de mampostería en piedra moliz, con sillares dispuestos a soga y tizón en las esquinas. Una verdugada de ladrillos verticales sirve de línea de imposta, enlazando con la cámara de la cubierta.

La puerta de ingreso se abre en la fachada oriental bajo arco de medio punto, con dovelas que alternan el tono rojizo y el ocre.  Sin embargo, en las jambas predomina el primero sobre éste.

Encima de la imposta se halla un hastial con pequeñas molduras fabricadas en ladrillo. En el tímpano se abre un óculo formado por dovelas ocres y rojas. Está coronado por espadaña con arco de medio punto y remates piramidales a ambos lados.

La cubierta es de teja curva y a dos aguas en el lado de la fachada principal, mientras los brazos del crucero se cubren a tres aguas. El cimborrio, cúbico, lo hace a cuatro.

En el interior destaca la cúpula del crucero. Pilastras adosadas soportan cuatro arcos de medio punto, cuyo intradós está decorado con yeserías doradas que reproducen motivos vegetales.

Esta Ermita-Oratorio fue expoliada en la Guerra Civil del 1936, desapareciendo, entre otros elementos, el retablo. Por ello, el interior se encuentra muy restaurado.

Por lo que a la imaginería se refiere, en su interior se venera al Santísimo Cristo que da nombre a la Ermita. Es una talla en madera cuyo origen se remonta al siglo XVIII. Fue destruido durante la Guerra Civil y del original sólo se conserva la cabeza. También se encuentra una antigua talla de Santa Crispina. Ésta, según los vecinos, fue la primigenia advocación de la Ermita. A ella se refieren las Relaciones Topográficas de Felipe II de Cózar, al señalar que:

 “…demas de los dias de holgar de precepto guardan en esta villa el dia…de sancta Crispina, ques una ermita questa en esta villa de la dicha advocación”.

Asimismo, el Libro de Visitas de la Orden recoge la siguiente descripción:

“Visitose la hermita de santa Cristina ques dentro del dicho lugar. Es una hermita fecha de un cuerpo las paredes de tierra cubierta de madera de pino bien labrada…esta la ymagen de santa Cristina de bulto en un tabernáculo de talla blanca y tiene un paño de terciopelo negro con una cruz de carmesí el qual es de la cofradía…”.

No obstante, se carece de datos para confirmar si la actual Ermita del Santo Cristo se ha levantado sobre las ruinas de la antigua Ermita de Santa Cristina (Crispina), o bien tan sólo conserva su memoria, siendo distinta la ubicación original de ésta.

El patrón del pueblo celebra sus fiestas el 14 de septiembre con procesión y es ese día cuando se celebra una fiesta de carácter popular y muy concurrido, llamada “Las Tacillas”.

Una de las tradiciones más antiguas en Cózar es este juego, que sucede durante los cuatro o cinco días cercanos al 14 de Septiembre, con motivo de las fiestas en honor del patrón de la localidad. Los orígenes de este juego se remontan a los siglos XIV y XV y aún se conservan dos tacillas (concavidades en el suelo), situadas en la parte posterior de la Ermita del Cristo. El juego consiste en lanzar ocho bolas a las tacillas; si el número de bolas que caen en el interior de ellas es par, gana la banca, si es impar, ganan los apostantes. Las tacillas son subastadas públicamente el día anterior al comienzo de las fiestas y el dinero recaudado es destinado a la Cofradía del Cristo, para el mantenimiento de la Ermita.

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